—Sasha ya la despidió —le dije al levantarme de la cama también, para tomar mi sostén y bragas.
—No es suficiente —replicó Gavin, frunciendo el ceño—. Tiene que pagar por lo que te dijo, ofendió a mi compañera.
—No sabía que eras mi compañero destinado —le expliqué, rodeándole la cintura con los brazos—. Fue un malentendido.
—No importa, Judy. No puedo permitir ese tipo de comportamiento en mi manada.
—Ella pertenece a la manada Yellowstone —aclaré.
Sus ojos se oscurecieron.
—Entonces es del Alf