Matt nos siguió de cerca.
No dejamos de caminar hasta que estuvimos fuera de la escuela, cerca del auto donde el Beta Taylor nos esperaba. Los otros guerreros Gamma montaban guardia, no lo suficientemente cerca como para escuchar la conversación, pero sí lo bastante como para intervenir si algo ocurría.
—¿Me quieren decir en qué demonios estaban pensando? —me preguntó Gavin, soltando finalmente mi mano.
Bajé la mirada al suelo.
—Es mi culpa, papá. Le pedí que fingiera ser mi mamá —le soltó Matt,