Me giré justo cuando Judy chilló y saltó de mis brazos.
Negué con la cabeza, sonriendo mientras ella corría por el campo de entrenamiento hacia los brazos de su mejor amiga.
Nan se rio y envolvió a Judy en un fuerte abrazo.
Miré a Chester, que llevaba a un niño pequeño en sus brazos y la pañalera colgada del hombro.
Asentí mi saludo y él me lo devolvió con una sonrisa mientras se acercaba.
—Hola, Alfa —dijo Chester.
Puse los ojos en blanco.
—Sabes que puedes llamarme Gavin —le recordé—. Ya somos