—No me lo perdería por nada del mundo —le dije—. Este lugar se ve increíble, Nan. De verdad te superaste.
—Estoy muy orgullosa de cómo se ve —admitió ella—. Solo espero que la comida sepa igual de bien.
—Tu cocina es increíble, Nan. Tus recetas son para morirse. Confío en que a todos aquí les encantará —le aseguré.
—Además, tienes a Chester contigo, y él es como un chef genio. No tienes nada de qué preocuparte.
Ella sonrió radiante ante el cumplido.
Miró por encima de mi hombro y vio a Gavin, ju