Me miró por un largo rato, y luego suspiró; he llegado a conocer ese suspiro. Se estaba rindiendo.
—Tienes que prometerme que le dirás pronto —dijo, entornando los ojos—. Todavía soy Luna, y me preocupo por ti, Judy. No quiero que te pongas en riesgo a ti o a tu bebé trabajando hasta enfermarte.
Asentí.
—Prometo, tendré cuidado.
Asintió a cambio.
Después de que terminamos en el doctor, regresamos a la casa de la manada con algunos de los Gammas designados para mantener a la Luna segura. El Alfa