—¿Lista para irnos? —me preguntó, su tono un susurro bajo, su aliento calentando el lado de mi rostro mientras susurraba en mi oído.
Asentí.
—Más que lista —le dije.
—Tenemos que regresar a ese juego de antes y conseguir tu premio —me recordó.
Me reí del recuerdo, pero la risa se cortó cuando Donna, su madre, se nos acercó, con los brazos cruzados sobre su pecho.
—Gavin, ¿podemos hablar por favor... en privado? —dijo, sus ojos entrecerrados mientras miraba a su hijo.
Gavin suspiró y pasó sus ded