Sus labios se posaron en los míos antes de que pudiera terminar de despotricar. Fue un beso lleno de necesidad y angustia. En segundos, me tenía de nuevo pegada a la pared, sus fuertes brazos me acorralaban a cada lado mientras profundizaba el beso, su lengua abriéndose paso en mi boca y explorándome con tal fervor que sentí que el corazón se me saldría del pecho.
—No eres solo alguien con quien me acuesto —dijo contra mis labios; mordisqueó mi labio inferior, atrayéndolo a su boca antes de volv