—Puedo hacer que no hables nunca más —dije con ira, presionando el cuchillo firmemente contra su yugular. Sentí sangre goteando por su cuello y hacia mi antebrazo. Se quedó callado por un momento, tratando de descifrar si hablaba en serio o no.
Sentí su cuerpo relajándose y el arma que sostenía cayó al suelo.
Se estaba rindiendo.
Lo solté y me puse de pie. Tomó la decisión correcta porque seriamente estaba considerando dejarlo mudo.
En el segundo, los médicos vinieron y lo escoltaron fuera del c