—Oh, ya veo —murmuró—. Entonces debes ser muy especial.
—¿Qué hay de ti? —pregunté—. ¿No estás compitiendo?
Miró hacia abajo a su sudadera otra vez y sus hombros se hundieron ligeramente.
—No —dijo suavemente—. Pero se me requiere estar ahí para apoyar a mi gamma.
—¿Oh? —pregunté.
Suspiró y luego me miró.
—Es como mi novio.
Mis ojos se abrieron.
—¿Estás saliendo con tu gamma?
Asintió, mordisqueando su labio inferior. Nan miró alrededor con una mueca.
—Entonces ¿dónde está él? —preguntó.
—Tomó un