Capítulo 35
El agua caliente de la regadera cae con delicadeza sobre mi cuerpo ardiente, Damián besa suavemente mi hombro desnudo, mientras que con sus manos libres estruja esa parte de mi cuerpo que tanto le gusta. Mis dientes muerden mi labio inferior al sentir aquellas vibraciones que solo el señor Maxwell provoca sobre mi cuerpo. Sus enormes manos obligan a mis pies a girar, quedándonos así cara a cara. Sus ojos azules detallan cada facción de mi rostro, el magnate besa fugazmente mi cabeza