Mundo ficciónIniciar sesiónCapítulo 31
Una extraña, pero placentera sensación se apoderó del centro de mi cuerpo. Los ojos de Damián Maxwell barrieron cada centímetro de mi piel, mientras que mis manos tomaban el borde de aquella camisa blanca que usaba para su boda con Handrika Bekker y que por alguna razón ya no deseaba vérsela puesta. Mis dedos sudorosos y temblorosos quitaron los primeros botones intentando así dejarlo r







