Después de haber disfrutado de unos cuantos besos tiernos de Merritt, Eleanor salió satisfecha y complacida de su actuación con su prometido. Sabía que él no había sido fácil de conquistar y ella, a pesar de su juventud había avanzado bastante, no quería arruinar lo conseguido con remilgos y niñerías. Le gustaba lo que el sexo representaba y si debía convertirse en la novia, que se le metía debajo de las sábanas cada vez, lo haría.
Llegó a casa dispuesta a disfrutar de la nueva estrategia y ve