— Si amor, será nuestro secreto— dijo ella .
— Deberías vestirte para ir a casa— sugirió él, acariciando sus caderas y cabellos.
— Un ratito más y ya salgo— dijo ella— además tú eres tú propio jefe y no tienes porqué volver a la oficina.
— A ésta hora, ya no voy a volver mi princesa— dijo él, dándole un beso suave en los labios.
— ¡Me encantan tus besos!— dijo ella.
— ¡Y a mí, me encantas tú!— dijo Merritt totalmente enamorado.
Estuvo unos minutos más y luego se levantó y ella se dio cue