Gracias a los contactos que aún tengo de mis apuestas, consigo la dirección de Arlette y cuando me percato de que ahora vive en una zona exclusiva, aprieto mis manos en puños. Ella y la desgraciada de su madre viven una vida de millonarias, mientras que yo debo de esconderme para evitar a mis acreedores.
Desde hace un par de días he estado observándola y por suerte su rutina siempre es la misma, ella y la estúpida de mi esposa van a terapia, mientras que el vago de Federico hace lo que mejor se