Se separa de mí, dejándome con un pequeño vacío y limpiando sus lágrimas, toma su maleta para salir de casa.
—Prométeme que vendrás a visitarnos —le pide la señora Agnes.
—Se lo prometo, además mi casa queda muy cerca de aquí como a media hora. Así que ustedes también podrán visitarme con el pequeño Leandro.
—Lo haremos —musita la señora Agnes, sosteniendo con fuerza la mano de Evelina.
—Ahora si debo marcharme.
—Yo te acompaño.
—No es necesario —me contradice, negando con su cabeza.
—Será la ú