Dado que no deseo continuar charlando con ella, pongo un poco de música y la ignoro.
—¿A dónde me llevas? —insiste por décima vez y a la cual no respondo como hace un rato.
Cuando llegamos a nuestro destino, estaciono el auto y la obligo a bajar.
—¿A dónde me trajiste? —inquiere con desconfianza—. ¿Es un prostíbulo para vengarte de lo que hice?
Cuando escucho sus palabras, aprieto el puente de mi nariz y me obligo a no perder la calma, pero con ella es imposible.
—¿De dónde diantres sacas