Esta acaba de convertirse en la mejor noche de toda mi vida. Ni en sueños habría imaginado algo como esto. La verdad, es que me ha tomado por sorpresa. Pero, ¿qué voy a contestar? Quiero decirle que acepto ser su esposa y saltar a sus brazos mientras grito de emoción y felicidad. Sin embargo, la sortija que llevo incrustada en mi dedo anular izquierdo me obliga a mantener ese sí, que quiero darle atrapado dentro de mi boca.
Lo observo postrado sobre su rodilla derecha, nervioso e inseguro, pero