Después de pedir algunos bocadillos para nosotros, entro al cuarto de baño y sonrío al verla parada en medio de la habitación, nerviosa e impaciente.
―¿Pasa algo, cielo? ―niega con la cabeza. Me acerco a ella, sujeto su mentón y hago que me mire a los ojos―. ¿Qué es?
Insisto. Se relame los labios y se atreve a decirlo.
―Es que, después de lo que pasó entre nosotros ―mis músculos se tensan y me preparo para que me diga que está arrepentida. Me mantengo en silencio y la escucho con atención―, no