94. MI ALIADA PARA ESCAPAR
AVA
Al cruzar las fronteras de la manada, mamá dio un grito espeluznante.
—¡No, no me puedo ir, no me puedo ir!
—¡Cálmate, mamá! —me abalancé a abrazarla con más fuerzas.
El auto dio una sacudida peligrosa por el susto que se llevó el chofer.
—Ya, ya, tranquila, tranquila… —comencé a acariciar su cabeza, la temperatura de su cuerpo iba subiendo.
Temía que hiciera esas rarezas que hizo en el bosque; si alguien la descubría, nos podíamos meter en problemas.
Pero a la vez, quizás era una oportunid