76. MI QUERIDA MADRASTRA
AVA
—Y entonces, ¿cómo debo llamarte ahora? —la voz burlona de Owen resonó a mi espalda.
Estaba acomodando algunas cosas sobre la cama.
—¿Debo decirte mamá, madrastica…?
—Déjate de tonterías, graciosillo —me giré sonriendo, intentando tapar el nerviosismo que de repente me asaltaba.
Lo encontré en el umbral de la puerta, recostado al marco, con unos vaqueros y camisa celeste, relajado y con esa frescura de siempre.
Suspiré, yendo de cabeza a la parte incómoda.
—Owen… yo, lo lamen…
—Oh no