Capítulo 73.
Markos nos guió por los pasillos aún desiertos. Sus pasos eran rápidos, tensos, pero calculados. Yo seguía cerca, con Edelle dormida —milagrosamente— en mis brazos. Mi respiración seguía irregular; me temblaban los dedos, los hombros, la garganta.
Subimos las escaleras, y justo en el segundo tramo vi algo sobre el suelo: una mancha oscura, espesa… sangre.
Markos la señaló con la cabeza, sin dejar de avanzar.
—Si no hubiera sido por eso, no sabría que estabas en problemas —murmuró.
Me estremecí.