Capítulo 66.
El vestido que escogieron para mí era un insulto disfrazado de color blanco.
Un trozo de tela apenas opaco, tan ligero y transparente que cualquier humano pervertido podía adivinar sin esfuerzo la forma de mi cuerpo. Quizá eso buscaban: un espectáculo extra. Un último entretenimiento antes de verme sangrar bajo la lluvia.
Como si mi muerte no fuera suficiente.
Las lobas encargadas de prepararme trabajaron en silencio, pero ese silencio dolía. Eran eficientes, rápidas, obedientes… y aun así, pod