Capítulo 129. Adom
Volar cuando el cielo apenas comenzaba a aclararse, con un trozo de papel atado a una pata y una bolsa de flores sujetada en el pico, resultó mucho más difícil de lo que había imaginado.
Por fortuna, descubrí algo importante este vuelo.
Hasta los monstruos necesitaban dormir.
Y nadie podía vigilar el cielo las veinticuatro horas del día.
Volé directo hacia la ventana que el monstruo Alfa me había señalado. La misma por la que ya me había infiltrado anteriormente.
Entré.
Aterricé en el cen