Capítulo 122. Reinelle

Si había enviado a Selene lejos no era porque tuviera miedo de aquellos Bersakers, sino de que despertaran a mi bebé con el sonido seco de huesos rompiéndose o con la sangre salpicando el suelo como una lluvia grotesca.

—Ni siquiera pienses en huir, esclava.

—De hecho, a mí me gustaría que lo intentara. Me gustan mis hembras un poco rebeldes antes de que las pueda domesticar a base de…

Y me quedé sin saber cómo demonios planeaba “domesticarme”, porque fue al primero que ataqué.

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