Capítulo 115. Sara
Apreté un montón de botones y maldije.
No sabía exactamente qué estaba presionando, ni me importaba demasiado mientras la maldita puerta metálica dejara de emitir ese pitido agudo que parecía burlarse de mí.
En cuanto pude cerrar la puerta gracias a un jodido milagro, giré hacia las lobas y cachorros que aún se encontraban en pánico.
Tenían los ojos desorbitados. Una de las lobas mantenía el cuerpo curvado alrededor de dos cachorros que no dejaban de gemir, pequeños sonidos agudos que me atrave