Alessandra Dumont
Entro en el baño con la consciencia absoluta de que sus ojos están clavados en cada movimiento de mi cuerpo, un depredador que ya ha marcado a su presa y que no tiene intención de dejarla escapar. Mis pasos resuenan sobre el mármol, firmes pero apresurados por la anticipación que me recorre la piel. Entro en la cabina de cristal de la ducha y, sin dudarlo, abro la llave al máximo. El agua cae con una ferocidad gélida al principio, antes de transformarse en una cascada de calo