Alessandra Dumont
Un quejido sutil escapa de mis labios en cuanto intento estirar los brazos sobre las sábanas. Me despierto con el cuerpo completamente adolorido, una sensación de agujetas intensas que me recorre los muslos, la espalda y la pelvis, recordándome con una nitidez abrumadora la violencia y el hambre con la que Alastair me poseyó anoche sobre el lavabo del baño. Sin embargo, a pesar del malestar físico, no puedo evitar sonreír en la penumbra de mi habitación.
Me acomodo contra