Alistair Ferrero
Las enormes puertas dobles de la mansión se cierran finalmente, dejando tras de sí el eco apagado del motor del último automóvil de los Harrison. El silencio que se instala en el vestíbulo es casi sepulcral en comparación con el bullicio de la música clásica y las risas fingidas que soporté durante horas. Alessandra ya se fue a su habitación hace un rato se escabulló discretamente mientras nosotros despedíamos a los invitados, dejándome con el cuerpo vibrando en una frecuenci