Sarah respiro hondo, llevaba media hora colgada de sus brazos, se había aferrado lo más posible a las esposa. Tomarlas con fuerza era la única forma de poder soportar el dolor, eso y tensar la mandíbula.
Dmitry le había introducido el vibrador en el interior de su vagina y entre cada golpe, también había sentido placer.
Diez golpes era su límite, sonaba un número bastante pequeño, pero para un cuerpo tan frágil como el suyo, era bastante pedir.
Dmitry había sido bastante bueno, eso pensó ya que