—¿De verdad quieres lastimarme?— se atrevió a preguntar. Dmitry no respondió, solo lo hizo el viento afuera.
—No escuche ninguna queja en mi oficina—dijo después de unos segundos. Movió la fusta con lentitud entre la abertura de su cavidad, aún seguía húmeda, pero ya no como antes, el miedo había desaparecido todo rastro de excitación.
—No creí que fueras hacer esto—refuto ella, intentando hacer hacia atrás, para reincorporarse y verlo de frente, pero Dmitry la detuvo precisamente con la fusta