—Prefiero quedarme encerrada en este lugar—musito Sarah cruzando se de brazos como si de una niña berrinchuda se tratara.
—No es una opción, querida—dijo Dmitry tratando de guardar la calma—te lo estoy ordenando.
—¿Acaso crees que soy uno de tus empleados? —se quejo ella.
—¡Ahora! —finalmente grito Dmitry perdiendo la paciencia.
Sarah bajo los brazos instintivamente, la había sorprendido aquel grito que había irrumpido el silencio del baño y probablemente también se de la habitación.
Trago sal