Habían transcurrido tres días desde que Dmitry la había encerrado en ese lugar, por supuesto, la servidumbre le había llevado sus tres comidas al día y se referian a ella como señora Petrov, cosa que nunca había sucedido ni siquiera cuando su suegro seguía con vida.
Inclusive le habían adaptado una pantalla para que se entretuviera y tuviera noción de lo que pasaba en el exterior y así poco a poco dejó de sentirse incómoda en ese lugar que jamás había sido su hogar aunque lo conocía como la pal