Los días se presentaban sorprendentemente tranquilos y como lo había prometido mi padre, logramos disfrutar de nuestra mutua compañía. Cabalgábamos en las mañanas después del desayuno, paseábamos en el jardín para después disfrutar de un buen picnic en el jardín y para finalizar nuestro día, después de la cena, disfrutábamos de un buen libro y chocolate caliente frente a la chimenea de su despacho, pero de todas esas actividades lo que más disfrute fue del ser yo misma.
Mi padre respondía algu