—¿Diga? —expreso Alek con voz serena, estaba recostado en su cama, con una copa de vino en la mano y en la otra habia un buen vino blanco.
Después de asegurarse de que Sarah estaba bien, había decidido que ya no tenía que seguir preocupándose por ella, si lo necesitaba seguro llamaría algún día, solo que no esperaba que fuese esa precisa noche.
—Hola—dijo Sarah con una sonrisa nerviosa. Alek estaba a punto de darle un sorbo a su copa, pero el reconocer la voz de su amiga se detuvo. Todo indicaba