Mihai estaba en su oficina mirando la pantalla de la computadora frente a él. Había comprado dos boletos de avión con destino a las filipinas. Lugar donde disponía de una residencia donde había ido a pasar noches inolvidables con incontables mujeres, menos con su esposa, la cual ya estaba dos metros bajo tierra.
Más que estar molesto, Mihai se sentía aliviado de no tener que ser él quien terminara con la vida de su esposa, era un pecado que no sabia si podría soportar aunque hubiese hecho el es