Desde que conozco a Hunter él siempre había sido hablador, insistente y tan fastidioso, que lograba sacar de quicio a cualquiera. Recuerdo que cuando éramos unos niños él siempre buscaba la forma de ir a la casa a jugar conmigo, de incordiar mis días incluso cuando estaba estudiando o tenía un mal día. Lograba hacerme sonreír en esos momentos tristes y oscuros con sus estupideces y sarcásticos y malintencionados comentarios.
Siempre me brindó su hombro y me dio su apoyo hasta cuándo entramos a