43. Rey en Jaque
El aire del almacén abandonado olía a sangre y miedo. Nathan siguió con la mirada las gotas carmesí que se deslizaban por el mentón del traidor, deleitándose en cómo temblaba cada vez que se acercaba. Este era su elemento, la danza entre la vida y la muerte, el poder absoluto sobre otro ser humano. Lo extrañaba.
—Me dijeron que recibiste un buen pago. —Limpió la hoja del cuchillo con deliberada lentitud, el metal destelló bajo la luz mortecina—. ¿Cuánto vale tu lealtad, Cruz?
El hombre atado a