17. Punto de quiebre
Nathan bajó el vidrio de la camioneta ante el saludo militar del guardia.
—¿Alguna actividad inusual? —preguntó, su mirada barrió el perímetro.
—Sin novedades, señor.
—Mantén los ojos abiertos. —El peso del día se colaba en su tono, y mientras subía el vidrio, movió el cuello para aliviar la tensión.
El eco del puñetazo a Richard seguía vibrando en sus nudillos enrojecidos. “Ya en ese cajón que cargaron se te fue la última posibilidad de cogerte a Liz”, había dicho el idiota antes de recibir el