Azahara estaba roja, con una barriga a punto de explotar. Su madre le sostenía la mano mientras ella hacia todo un esfumo por pujar, era agotador se desvanecía sobre la almohada aspirando bocaradas de aire.
—Vamos Azahara no te rindas. —Aria le acariciaba con dulzura, el cabello empapado en sudor.
—Puedo ver la cabeza del ´primer cachorro.
Bastián esperaba en el porche de la cabaña, recargado sobre la veranda de madera se levantaba y caminaba un poco volvió a recargarse cruzando de brazos,
—De