Aisha salió del corporativo de prisa, se sentía agotada tanto física como mentalmente, no podía sacar de su mente las despectivas palabras con las que Ahmed se había dirigido a sus hijos.
Al llegar y verlos, sintió su corazón oprimirse terriblemente, sus gemelos eran adorables, y el pequeño Ahmed era un niñ* muy tierno, cualidad que a su padre siempre había agradado, a pesar de sus múltiples ocupaciones, el Jeque siempre había ayudado a Aisha en el cuidado de sus hijos.
Era algo que le gustaba