Carlo miraba fijamente a Fahriye, claro que la había reconocido enseguida aunque no llevara la misma ropa, una chica como ella podía ser reconocida entre decenas de chicas.
—Le pido una disculpa, señor, por lo ocurrido.
—Creo que los dos hemos tenido la culpa de lo sucedido, así que hagamos de cuenta que acabamos de conocernos, pero antes de eso, dígame, ¿Se ha lastimado? ¿Necesita que la vea algún médico? En la planta baja se encuentra el servicio médico, por si desea acudir a revisión.
—Graci