Freya
Me arrastré hacia el sofá, apoyé la espalda en él y lo miré fijamente. Parecía haber recuperado el control, pues todo en él ya había vuelto a la normalidad: sus ojos habían vuelto a ser de un azul oscuro y había perdido los colmillos. Me levanté lentamente del suelo, sin apartar la vista de él.
"¿Qué carajo te ha pasado?", grité mientras recogía el camisón del suelo para intentar ponérmelo, pero aún temblaba por lo ocurrido hacía unos minutos. Probablemente al ver cómo temblaba, se acercó