Isla no había dicho nada por al menos un par de minutos y era difícil saber lo que estaba pensando, su expresión estaba completamente en blanco.
Horatio comenzaba a ponerse ansioso.
Sus primos la habrían pasado bien a su costa de verlo en ese momento. Era muy difícil que algo lo pusiera tenso. Pero allí estaba, a punto de perder los nervios. Sí, ellos sí que se reirían de él. Era una suerte que no estuvieran cerca y que nunca sabrían de ese momento.
—Yo…
La voz de Isla lo devolvió al presente.