Horatio observó a Isla alejarse rumbo a su edificio y encendió el motor en cuanto la vio entrar. Era consciente de que tenía una sonrisa de bobo en el rostro, pero no podía importarle menos. Esa mujer lo tenía en sus manos y ni siquiera tenía idea de cómo o cuando había sucedido.
—Pero miren quien es.
—¿Carmine? —Horatio abrazó a su prima y la levantó por los aires.
—Bájame tonto —ordenó ella dándole una palmada en el hombro.
Soltó una carcajada.
—Sigues siendo la misma pequeña mandona.
Ella le