Horatio encontró a Isla en la sala de copias, la había estado buscando por algunos minutos antes de dar con ella. La observó desde la puerta en silencio, esperando que ella se diera cuenta de su presencia, pero parecía demasiado perdida en sus pensamientos.
Deslizó su mirada por su cuerpo, absorbiendo cada detalle. Una idea cruzó por su mente y entró. Cerró la puerta con cuidado de no hacer ningún ruido y colocó el pestillo. Después avanzó hasta ella en silencio.
—Hola, dulzura —saludó mientra