—Horatio.
Había una súplica implícita en la voz de Isla y él no pudo resistir más. Se acercó y la besó otra vez.
Los suaves labios de Isla lo recibieron y se abrieron para él.
Él la besó con la necesidad reprimida de toda la noche. No se detuvo hasta que le faltó el aliento.
Cuando se alejó, ella tenía los labios hinchados y la respiración acelerada.
—Antes de hacer esto quiero que te quede claro que, si te decides entregarte a mí, no será solo por esta noche. No voy a detenerme hasta que a