Horatio mantuvo un ojo sobre Isla durante el resto del día buscando cualquier excusa para ir a su oficina. Le asustaba que fuera a desmayarse en cualquier momento. Pese a la siesta de la tarde, ella todavía lucía agotada
Si tan solo se habría ido a casa como le sugirió.
Cuando el día llegó a su fin, Horatio fue a buscar a Isla. Tenía que asegurarse de que llegaba a casa a salvo.
La puerta de su oficina estaba abierta y entró directamente.
—¿Estás lista?
—¿Para qué?
—Para irnos.
—Debo compensa