Verónica y Caro se adentraron en su viaje con el corazón pesado, pero con la esperanza de encontrar algo de paz. A cada kilómetro que dejaban atrás, sentían que se alejaban un poco más de las tensiones y los conflictos que las habían atormentado. El paisaje cambiaba lentamente, y con él, la tensión en sus cuerpos parecía disminuir.
Mientras tanto, en la ciudad, Emanuel estaba devastado. No podía creer cómo las cosas habían llegado a ese punto. Se sentía impotente y lleno de remordimiento. La c