266 El viaje a Londres .
Alicante amaneció cubierto por una bruma suave esa mañana.
Stephen se asomó al balcón del departamento que compartía cada vez más con Joselín, como si la ciudad quisiera retenerlo. Como si el aire mismo le susurrara que no debía irse.
El viento acariciaba las macetas de lavanda que Joselín cuidaba con tanto amor, y a Stephen le dolía el pecho de solo pensar en alejarse, aunque fuera por unos días.
Una opresión extraña lo acompañaba desde que había hecho las maletas.
Algo, una sensación difícil