La noche estaba helada.
El viento cortante soplaba con fuerza entre los árboles, arremolinando hojas secas y esparciendo el eco lejano de la música de la fiesta. Un recordatorio cruel de lo que había ocurrido. De lo que había salido mal.
Paula salió corriendo. Sus tacones resonaban en el pavimento, su respiración era un jadeo errático, su corazón latía con furia contra su pecho.
No podía soportarlo.
No podía soportar la mirada de decepción de Sergio.
No podía soportar ver el rostro destroza